“BULLYING”: Protagonistas, Prevención E Intervención

  1. Saludos a todos los lectores del Blog, como recordaréis en el mes de Septiembre publicamos un artículo sobre ¿Qué es el Bullying? Como ya sabréis, es un fenómeno que, desgraciadamente, se está produciendo con una relativa frecuencia en nuestros centros escolares. Ofrecimos una definición y las características generales del mismo. En Esta ocasión lo abordaremos desde la perspectiva de los protagonistas (agresor y víctima) y de los distintos factores que propician su aparición y mantenimiento, siguiendo las indicaciones de la “Guía para Padres” editada por la oficina del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid.

Un alumno se convierte en victima cuando está expuesto de manera repetitiva a acciones negativas por parte de un grupo de iguales. Este hecho de acoso logra inhibir al niño en sus relaciones sociales y educativas. El acoso escolar es una situación desagradable a la que decenas de niños de diversos estratos sociales están expuestos. En el aspecto psicológico el acoso escolar tiene graves consecuencias, tales como el bajo rendimiento académico del niño y también puede llegar a ser un “predictor” del fracaso escolar.

  • QUIEN AGREDE: Factores familiares, personales y sociales.

No cabe ninguna duda que es en la familia donde comenzamos a desarrollar nuestro particular código ético y la escala de valores de nuestro comportamiento. Las relaciones y sentimientos de los padres entre ellos y hacia su hijo son trascendentales, ya que modelan comportamientos que más tarde serán repetidos por el/ella; si existe violencia en el seno familiar sería algo lógico que el niño se comporte agresivamente. Aunque la figura del maltratador puede formarse en cualquier estrato social, un estudio psicológico de niños en el ámbito educativo realizado en Guatemala hace énfasis en que la mayoría de los niños con características suelen pertenecer a familias con un estatus socioeconómico de clase media-baja.

La característica compartida por los agresores es la falta de empatía, es decir, la incapacidad para ponerse en el lugar del otro, la no creencia de que sus actos repercuten en otra persona que los siente y padece como un tormento. A menudo el agresor puede pensar que la víctima se lo merece, pues las acciones de éste le han provocado y han precipitado la reacción intimidatoria. El matón, el agresor líder, a pesar de su impopularidad entre los compañeros de clase, consigue con sus actos que su posición en el grupo, su reconocimiento, mejore, demostrando ante los demás que es fuerte al provocar miedo y manifestar prepotencia en sus relaciones con aquellos que no pertenecen a su grupo.

Es sobradamente conocida la importancia que tienen los amigos, el grupo de iguales, para el desarrollo evolutivo de niños y adolescentes. Por ello, el maltrato escolar tiene el periodo de mayor intensidad y frecuencia desde los 11 a los 13 años. El grupo de agresores se va consolidando mediante las acciones violentas ejercidas sobre la víctima. Se crea así una conciencia colectiva en la que la víctima es cada vez menos valorada, favoreciendo el aumento gradual de las agresiones

  • QUIEN SUFRE LA AGRESION: Factores familiares, personales y sociales.

Si es difícil determinar el perfil del agresor, más difícil es precisar las características de las victimas sin estigmatizarlas. Los factores familiares asociados a este perfil apuntan, como causa primordial, a la sobreprotección, que impide el desarrollo social del niño o de la niña conforme a su desarrollo evolutivo. Sin embargo no todas las víctimas son iguales, algunas se sitúan en la delgada línea que separa a la víctima del agresor, pudiendo representar ambos papeles

No obstante, una característica compartida por las victimas sería la falta de competencia social (Habilidades Sociales), la cual se manifiesta en su carencia de asertividad, esto es, la dificultad para saber comunicar sus necesidades claramente y para hacerse respetar por los demás. Su situación de victima refuerza su vulnerabilidad y la debilita socialmente ante los otros –ante el conjunto de sus compañeros, no ya sólo ante sus agresores- y pierde popularidad progresivamente ante sus iguales. A menudo su situación académica se deteriorará y sufrirá estrés emocional, que contribuirá a aumentar las dificultades de aprendizaje que se le presenten. El miedo y la sensación de incompetencia tanto como el sentimiento de culpa le impedirán comunicar sus necesidades a otros, experimentando un considerable descenso de su autoestima pudiendo llegar, en ocasiones, a situaciones de depresión.

Ante los ojos del agresor, cualquier razón es suficiente para convertirse en víctima: los rasgos físicos, la capacidad intelectual, la indumentaria, la sensibilidad artística, los buenos resultados, etc. En resumen, cualquier forma de diferencia, de distinción, cosa que es realmente preocupante, porque constituye el germen de la intolerancia y la insolidaridad. A pesar de todo lo dicho, debemos tener presente que puede acabar siendo víctima de acoso escolar cualquier chico o chica que no tenga el amparo de sus compañeros. El pertenecer a un grupo de iguales, sentirse integrado y protegido por los compañeros es un importante factor de protección contra las posibles acciones de acoso.

  • PREVENCION E INTERVENCION.

Como hemos dicho más arriba, es en el seno familiar donde comienza a fraguarse nuestra personalidad y nuestra escala de valores que determinará el código de conducta que adoptemos en el futuro y que nos llevará a poder tomar el papel de agresores o de victimas. Es en este marco donde los padres podemos iniciar una adecuada socialización de nuestros hijos, en primer lugar manteniendo siempre una comunicación continua y sincera, practicando la escucha activa, sin distracciones y aceptación incondicional; reforzar su autoestima aportando informaciones positivas de lo que percibimos de él; fomentar un espacio de autonomía y libertad; darle responsabilidades adaptadas a su edad; incentivar la realización de actividades en grupo como forma de socialización y aprendizaje de resolución de conflictos entre iguales.

Una vez que se produce el acoso no podemos olvidar que los protagonistas del mismo siempre son NIÑOS o NIÑAS; por lo que, aunque es la victima quien sufre las brutales consecuencias de la agresión y tenemos que aportarle todo nuestro amparo y solidaridad, el agresor también es un menor al que hay que prestarle ayuda para reconducir esas conductas disruptivas a otras más adaptativas para su vida como adulto, enseñándole Habilidades Sociales y sobre todo Habilidades de comunicación como son la Escucha Activa y la Comunicación Asertiva.

Si hemos detectado que nuestro hijo es víctima de acoso, lo primero de todo es no culpabilizarle ni a él ni a nosotros mismos, eso no implica ser peores padres. Es importante que el niño se sienta seguro y confiado en su casa, que haya un buen clima de confianza donde pueda desahogarse y contar que le pasa. Es importante que el niño cuente con Habilidades Sociales y con recursos, no solo enfocados a defenderse, sino a mostrarse más seguro. Que aprenda a ser asertivo, que aprenda a saber decir NO, a ser capaz de decir lo que él quiere, lo que él piensa, sin imponérselo a los demás, y sabiendo que su opinión es tan válida como la de los demás. Que aprenda a ignorar al agresor, que no le demuestre que le afecta llorando o enfadándose, sino que le pueda responder con tranquilidad y firmeza, diciéndole por ejemplo: «No, eso es sólo lo que tú piensas». Que sepa que no está solo y que siempre puede pedir ayuda.

Estas actuaciones son las que podemos realizar en el ámbito familiar, pero no debemos olvidar que el “bullyng” es un fenómeno que sucede en el entorno escolar, por lo tanto, el centro escolar, como responsable de la parte que le corresponde en la educación de nuestros hijos, debe adoptar medidas para luchar contra estas conductas agresivas que ocurren dentro de sus instalaciones. Como medidas a adoptar podríamos citar: hacer consciente a la comunidad educativa (educadores) acerca del “bullyng” mediante información y formación; hacer consciente a los alumnos del centro acerca de este fenómeno; contratar a un psicólogo educativo para que desarrolle programas de habilidades sociales en el alumnado; desarrollar talleres acerca de la temática; desarrollar una Escuela para Padres; desarrollar proyectos educativos con objetivos, contenidos y actividades de prevención; colocar medios de denuncia/ petición de ayuda en el centro educativo (e-mail, buzón, teléfono).

Por otro lado la actitud de la escuela y el clima de relaciones interpersonales entre sus miembros es un factor muy importante. Las escuelas que favorecen la comunicación y en las que los alumnos se sienten escuchados (y son escuchados) serán capaces de prevenir e intervenir cuando empiecen los hostigamientos. El agresor sabrá que existe una clara oposición a las acciones de prepotencia y agresión que pretenda realizar.

Teléfono contra el acoso escolar: 900 018 018